Unas palabras tan sencillas de avivar a grito entre una multitud, o de pregonar entre nuestros colegas las personas con distinta discapacidad.
Opinión – Columna por: Oscar Daniel Maidana

Descripción personal: En lo personal, quien escribe, Oscar Daniel Maidana, ciego, he pasado por mil y más situaciones de conocer las mentiras más absurdas de nuestros dirigentes, sin importar el partido político, raza, credo o —lo más triste— las autoridades que trabajan en distintos estamentos, sea privado o público.
“PERSONAS O INSTITUCIONES” privadas o estatales, por si no pudieron leer bien.
Al ser del interior, la inclusión y la accesibilidad son tan nulas como tan mal usadas. (Me han llegado a decir: “somos inclusivos, acá trabaja una persona trans y varias que son gay”). No solo que no saben mentir, sino que no conocen la ley ni en lo más mínimo.
👉 Referencia a las leyes (dato aportado por Copilot, no por el autor):
- La igualdad de género laboral se basa en tratados internacionales como la CEDAW (Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, con jerarquía constitucional en Argentina) y en normas como la Ley 24.632 (Convención de Belém do Pará).
- La inclusión laboral de personas con discapacidad está regulada por la Ley 22.431 (Sistema de Protección Integral de los Discapacitados), que establece el cupo laboral del 4% en el Estado, y por la Ley 26.816 (Régimen Federal de Empleo Protegido).
👉 Contratar personas trans o gay responde a políticas de igualdad de género y diversidad sexual, pero no cumple con la obligación legal de inclusión laboral de personas con discapacidad. Son marcos legales distintos, y confundirlos es ignorancia o mala fe.
No quieren saber si hay alguna patología o inconveniente con la ley. Sé de manera triste, de forma personal, de un joven que quedó ciego dentro de un servicio penitenciario. He recorrido de forma personal y a distancia un par de instituciones que dijeron que no pueden aceptar a una persona con discapacidad visual por ser un reo en libertad provisoria.

Señores: la discapacidad, como el amor de Dios, no debe ser indiferente a las situaciones. Pero si no es accesible para los que estamos sin inconveniente de la ley, sabrán lo que pasan esas personas que sí lo están. Da más tristeza cuando son entidades que se jactan a viva voz de decir “trabajamos para y por las personas ciegas”.
Qué decir de las instituciones estatales que tienen pegado un cartel que dice “inclusión, un derecho”. Va, me comentan, porque no sé si está. ¿Será verdad? Tengo que confiar. Yo lo toqué: era un papel frágil, suave y fino.

Accesible e inclusiva, esta nueva autopista de la comunicación que estamos iniciando en la revista Recontra iremos marcando a paso firme, con un poco de creatividad entre mi ignorancia, el poco conocimiento de este mundo de la discapacidad y mi poca experiencia de ser un comunicador. A paso grande, de frente al sol o en la oscuridad de nuestra vida diaria.
En la enorme fragilidad que poseemos los seres humanos, la inclusión respecto a las personas con discapacidad es tan absurda como casi imposible de creer. En lo más sencillo, te doy un ejemplo: he llegado de forma casi insultante hacia mi persona a una discusión sobre un color. Sí, tan sencillo como un color.
Aclaro que fui normo visual. Escuché un chiste infantil: “¿Ya viste a tu ex, la que viste la blusa de color chicle?”. Me pareció un gran chiste, porque lo primero que se me cruzó fue: ¿de cuál sabor? Yo conocí menta, tutti frutti y dinovo. Y se me ofendió.
Señores: la vida de una persona ciega no es esa que ustedes imaginan, como tampoco es lo que ustedes creen que significa ser ciego. Está lejos de saberlo. Basta con solo preguntar a un ciego qué le gustaría ser o hacer. Verán un mundo irreal. Y no se queden en pequeñeces: no somos ignorantes por no saber identificar una variante de un color.
@odmkanny
⬛⬜ REFLEXIÓN FINAL ⬛⬜
No escribo como periodista ni como experto, sino como alguien que vive la discapacidad y quiere aprender. Mi voz busca que se entienda que la inclusión no es un cartel ni una mentira, sino un derecho que todavía nos niegan.
- Anses
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